Traps flood online chess, and catching them is much more difficult than doing it in ‘Fortnite’

Anyone can beat a chess grandmaster in an online game today. Not by himself, of course, but by cheating. That is precisely what is happening in a segment that had grown like wildfire due to the impact of COVID-19: games through the internet have become a breeding ground for cheaters .

The problem is serious and it is shaking all kinds of platforms and tournaments, which are trying to fight the cheaters with various methods. Avoiding those toxic players in conventional games like ‘ Fortnite ‘ is difficult: doing it in online chess is a nightmare .

This Petrosian, not that Petrosian

Tigran L. Petrosian has nothing to do with Tigran Petrosian. Or almost nothing . The latter, nicknamed “boa constrictor” for his suffocating style of play, was a former world chess champion from 1963 to 1969. He took the scepter from Mikhail Botvinnik, and ended up losing it to Boris Spassky after his second attempt. Then Fischer would come and with him the end of the era of near-absolute dominance of the Russians in the game, but that’s another story.

TigranTigran L. Petrosian, (almost) nothing to do with the ex-world chess champion.

Aquel Petrosian jugaba para la Unión Soviética, de la que todavía formaba parte Armenia, donde nació en 1929. En ese país nació también Tigran L. Petrosian, un nombre que su padre escogió adrede en honor al viejo campeón. Enseñó a su hijo a jugar al ajedrez y éste acabó progresando y convirtiéndose en Gran Maestro Internacional.

Aunque nunca ha llegado al nivel de aquel del que tomó el nombre, el joven Petrosian sí ha logrado ciertos éxitos. El último de ellos, eso sí, ha sido causa de una gran polémica: en el torneo Pro Chess League Championships organizado por Chess.com acabó ganando con su equipo, los Armenia Eagles.

Ese equipo se enfrentaba al aparentemente mucho más potente St. Louis Archbishops, liderado por Fabio Caruana (2º jugador del mundo por puntuación ELO) y por Wesley So (8º del mundo), aunque ambos están algo más abajo en la puntuación FIDE de ajedrez rápido (11º y 21º respectivamente), pero contaban con la ayuda adicional de Lernier Dominguez, 6º del mundo en esta disciplina. Tigran L. Petrosian es el 97 del mundo actualmente.

Dio igual: les venció a los tres y solo hizo tablas con Jeffery Xiong, 25º del mundo, al que también pudo ganar. Eso fue crucial para la victoria de su equipo, sobre la que luego bromeó Petrosian diciendo que había estado dando sorbos a una ginebra durante las partidas y quizás eso le había ayudado.

Las bromas dejaron de serlo cuando comenzaron a amontonarse las acusaciones: Petrosian, indicaban analistas y expertos, podía haber estado haciendo trampas.

En las partidas, donde siempre hay una cámara enfocando a la cara de los jugadores, se le veía desviando la mirada hacia abajo a menudo, como consultando algo. Dos de los jugadores del equipo armenio no habían estado activos en Chess.com desde mediados de abril, lo que debería haberse notado en su nivel de juego, que fue también impecable.

Hikaru Nakamura, 4º del mundo en ajedrez rápido y 18º del mundo en puntuación ELO, quiso hacer su propio análisis de las partidas. Nakamura se ha convertido en una sorprendente celebridad en Twitch, donde juega y retransmite partidas de forma habitual, y en su análisis detectó algunos movimientos sospechosos y varias series de movimientos perfectos.

Aunque no se han mostrado pruebas de ello, la organización del torneo indicó que habían existido “violaciones del juego limpio“, y acabó quitándole la victoria a los Armenians Eagles para dársela al St. Louis Archbishops. Petrosian, de hecho, fue expulsado de por vida de Chess.com, donde no podrá jugar nunca más ni participar en torneos o competiciones.

La respuesta de Petrosian no ayudó a exculparle: en un mensaje que acabó borrando se mostraba muy enfadado por esa decisión y acusaba a uno de sus oponentes, Wesley So, de “hacerse pipí en tus pañales” al jugar contra él. Curiosamente Petrosian estuvo implicado en un caso similar en el que fue él quien acusó a otro jugador de hacer trampas (que efectivamente estaba haciendo), pero esta vez no demostró no estar haciéndolas y aunque en Chess.com no han dado más datos, la decisión ha sido contundente.

Un problema cada vez más acuciante en el ajedrez online

Ese singular suceso pone de manifiesto un problema que se ha convertido en una pesadilla para quienes organizan torneos online —Magnus Carlsen organizó uno especialmente notable en abril de 2020—. Garantizar que los jugadores no hacen trampas es mucho más complicado que hacerlo con juegos online competitivos tradicionales, y este tipo de situaciones se han multiplicado en los últimos tiempos.

Chess3

Lo confirma el director general de FIDE, Emil Sutovsky, que ha descrito ese problema como “un tema en el que trabajo docenas de horas a la semana”. El presidente de este organismo, Arkady Dvorkovich, lo llama “una plaga real”.

Conectarse a un servidor para jugar una partida y hacer trampas, incluso en rápidas, es tan fácil como tener al lado un segundo ordenador con un programa de ajedrez como Stockfish, al que pocos seres humanos podrían poner siquiera en aprietos. Esta y otras aplicaciones son capaces de calcular movimientos perfectos (o casi) en un instante.

La pandemia que ha convertido al ajedrez en un juego más popular que nunca ha complicado también las cosas de forma extraordinaria para quienes tratan de organizar torneos online: poner medidas que garanticen la ausencia de trampas no es sencillo.

Quienes se someten a ello deben aceder a ser grabados por múltiples cámaras, dar acceso a sus ordenadores, no levantarse del asiento e incluso permitir que inspeccionen la habitación en la que juegan de forma previa para garantizar que no hay otros dispositivos con los que hacer trampas.

Chess.com, la mayor comunidad online de ajedrez para jugar, ha visto cómo el número de usuarios crecía en 12 millones a lo largo de estos meses: en todo 2019 se sumaron al servicio 6,5 millones de jugadores. Lo que también han crecido son las expulsiones de jugadores. De los 5.000 o 6.000 al mes de media en 2019 se ha pasado a casi 17.000 en el mes de agosto de 2020.

This platform has people chasing the problem, but it also makes use of a system that allows “to detect cheating as a deviation from the tendencies of an honest human player”. These models are able to capture players who are playing “too well” to do so without help.

Gerard Le-Marechal is the head of this initiative to avoid them on Chess.com, and according to him the problem is not only in cheating, but in that they have generated “an atmosphere of paranoia” in which suspicion and recriminations are frequent . If someone beats you, in the end you will always end up wondering if he or a machine did it. Quite a check at online chess.

Nazim

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